martes, 30 de mayo de 2017

Días previos a la final

Escribo desde el móvil, lo siento. Solo puedo decir que hay mucho curro y muchos nervios, pero dejo post para evitar el coñazo.

Cómo será mi melancolía de estos días que hasta la caminata de Alfredo Duro a Cardiff me parece simpática y graciosa. A ver qué pasa en la final.

Hala Madrid.

Actualización: yo no soy tan optimista como vosotros en la porra, pero tengo claro que sí nos va bien, dependerá grandemente de este hombre.


martes, 16 de mayo de 2017

Apretón final

Está semana nos jugamos la liga y la Final Four, y a mí me pilla sin tiempo ni pa mear con la mudanza y preparativos. De modo que no hay post, simplemente expreso mi deseo de que nos vaya lo mejor posible y ahí os dejo las llaves y el grifo a rebosar. Me pasaré a echar vistazos de cuando en cuando, todo lo que pueda. 

jueves, 11 de mayo de 2017

El último derby en el Calderón (II)

Como si el dios del fútbol rechazara la idea de que el último derby en el estadio Vicente Calderón consistiera en un partido resuelto desde la solvencia, sin épica, las bolas del sorteo emparejaron una vez más al Real Madrid y al Atlético, regalándonos un episodio extra. Después de todo el sufrimiento, a posteriori podemos decir que ha merecido la pena con creces.

Espoleó Simeone a los suyos desde el comienzo, con una intensidad que había desbordado los cauces estrictamente deportivos. No me refiero tanto a la ristra de patadas que los colchoneros dieron como al estado de excitación febril que se cultivó en el entorno atlético durante toda la semana. Se impuso un aura tribal que sacó lo mejor (el tesón) y lo peor (las agresiones de la afición, suavizadas por la prensa con base en una superioridad moral injustificada). El equipo rojiblanco, llevado en volandas por su público y con una presión que pilló despistados a los defensas madridistas, se colocó 1-0 y encontró el campo cuesta abajo. La sucesión de desdicha y nervios culminó con un absurdo penalti de Varane, transformado (ilegalmente, si nos ponemos tiquismiquis) por Griezmann.

Con el estadio en un éxtasis enfervorecido, Isco pidió la pelota. Cosido a patadas, no se arredró, y a partir de las combinaciones con sus socios en la media (hoy Modric sí fue Modric), dio un poco de aire al Madrid. Marcelo estaba impreciso y Danilo suficiente tiene con no pifiarla. Ausente la profundidad que ofrecen habitualmente los laterales, los ataques blancos no eran sino una forma de defenderse en torno al balón. Atemperó la fuerza atlética, y lo peor para los merengues pasó. No empezaría a llover hasta mucho después, pero la tormenta comenzó en ese momento, con un rayo, de forma absolutamente inesperada.

Dijo Lucas hace unos días que Benzemá "es un verso libre que tiene un ejército de admiradores de su calidad técnica". Me pareció la mejor definición posible del francés, y su gol (lo marcó Isco, pero el gol es suyo) resultó absolutamente fiel a esa esencia. Una jugada individual, rocambolesca, en la que forzar el córner ya hubiera supuesto más premio del esperado. Benzemá avanzó como un equilibrista por la línea de cal, sorteando contrarios casi sin querer, como él hace las cosas, pasando del arrinconamiento ante tres defensas a la asistencia límpida para Kroos. El remache de Isco, ya digo, terminó siendo una anécdota, tras lo que acababa de acontecer. 

El partido murió ahí, por más que luego hubiese ocasiones para ambos bandos. La foto del último derby quedó embellecida por una cortina de agua, bajo la cual Keylor se reivindicó, el centro del campo madridista racionalizó las pasiones y Gabriel el que se dejó perder en el Zaragoza mereció la expulsión unas doscientas dieciséis veces. El Calderón se despidió de Europa con su costumbre narcisista de cantar gustándose, ("no somos como vosotros"), atribuyéndose ridículamente una grandeza espiritual ajena a lo que sucede en el césped. Atrapados en su patética paradoja: presumir de humildad. Reducidos a un oxímoron.

Importa poco, desde luego, teniendo en cuenta los retos que nos quedan por delante a nosotros. La sombra de la Juventus en Cardiff es tenebrosa. Pero después de esta noche, se antoja más importante aún conseguir la Duodécima. Si el Madrid gana la Copa de Europa, la genialidad de Karim se igualará al taconazo de Redondo, como mínimo. Ambas jugadas, sobredosis de magia imprevisible, en el instante necesario. No, no lo pueden entender.


viernes, 5 de mayo de 2017

Decidme qué se siente

Cuando vi el tifo que mostró un sector de aficionados madridistas, mi reacción inicial fue un poco de vergüenza. Me pareció una sobradez, y me acordé de mis amigos colchoneros, pensando que ellos no merecían ese dedo en la llaga.

No obstante, llegó el minuto 7 de partido, y desde la grada que alojaba a los rojiblancos se empezó a oír el cántico de "Illa, illa, illa, Juanito hecho papilla". El cerebro es un órgano que hace asociaciones de manera automática, así que de inmediato se produjo una sucesión de imágenes y momentos en mi cabeza: las pancartas que proclamaban orgullosas el antimadridismo, tifos de indios sodomizando a vikingas, cánticos más rastreros que en la mayoría del resto de estadios ("se va a morir, se va a morir, el hijo de Mijatovic")... Todos los clubes cuentan con basura humana que se esconde tras el escudo para manchar el fútbol, pero la diferencia está en cómo reacciona el club.

Por otro lado, el Atlético de Madrid está plagado de seguidores que se autodenominan la "mejor afición del mundo" con una ligereza que asusta. Han construido un relato profundamente sentimental, me atrevería a decir que son los más intensos de la liga. Se gustan mucho. Y examinan a los demás, singularmente al Real Madrid, desde una superioridad moral que no proviene, en ningún caso, de los hechos o trofeos, sino en una "manera de ser". O, mejor dicho, de sentir.

Cada cual que justifique como quiera sus colores. Cada cual que opine lo que le parezca inaceptable en cuanto a piques y provocaciones. Es un tema que no me interesa en absoluto. Pero en el caso del Atleti reconozco que me asombra esa desmesurada autoconcepción, en ocasiones. Porque resulta curioso que el club que no sólo no ha expulsado a sus ultras nazis del estadio, sino que asume con normalidad que entrenador y plantilla salgan a agradecerles su apoyo a las puertas de los hoteles de concentración, ese mismo club, venga ahora con un quítame allá esa pancarta al equipo que no sólo ha echado a sus ultras del campo, sino que ha llegado a expulsar a socios por insultar a Messi desde la grada.

Yo respeto a todo el mundo, pero lecciones, las justas.