miércoles, 27 de abril de 2016

Noche plomiza en Manchester

Cuando se supo que Cristiano no jugaría, la conmoción entre el madridismo fue descomunal. Las palabras de los directivos del club se pretendían tranquilizadoras ("Por precaución...","Mejor no arriesgar", "Nada grave"...), pero con ellas sucedía lo mismo que cuando Draghi y sus acólitos afirman que la eurozona no está en peligro y que la UE es fuerte. Uno se pregunta qué clase de peligros nos acechan cuando semejantes personalidades han de resaltar lo obvio.

Ronaldo, sin embargo, no parecía preocupado. Las cámaras lo cazaron con aire confiado ("si hubiera sido una final, jugaría"), y él las miraba, divertido, posando al lado de un canterano y subiendo fotos a las redes sociales. Se esforzaba tanto en encontrar la postura adecuada que por momentos daba la impresión de que pretendía rematar desde el Facebook.

En el campo, mientras tanto, se veía claramente qué extravía el equipo cuando no juega Cristiano. Aparte de los goles, el rival pierde un poco de respeto, como Loki si en Los Vengadores no está Thor. Además, hay una serie de automatismos, que probablemente nacen más de la costumbre que desde la pizarra, que se pierden como lágrimas en la lluvia. Con el Bicho en el césped, Benzemá se siente una suerte de protagonista de las Bucólicas, feliz bajo la parra portuguesa para perseguir sus ovillos felinos. Dicen los expertos que Bale adquiere más libertad, pero viendo su rendimiento se comprende la respuesta de Lenin a Fernando de los Ríos: "Libertad para qué".

La primera parte fue un pestiño tenso, que es peor porque el mojón es el mismo pero las cervicales sufren más. Casemiro siendo fiel a su eslogan ("lo que Casemiro te da, Casemiro te quita"), y los mediocampistas del Madrid incapaces de hilar el juego ante la pareja rival, que tiene nombre de conjunto musical: los Fernandos. El segundo período también comenzó encenagado, y con menos kilates de calidad sobre el terreno con las bajas de Karim y del excelso jugador perfecto de Arguineguín. Jesé entró por el francés y demostró que, si se está quedando calvo, no es por usar mucho el cerebro. El Madrid se desengarrotó poco a poco, a lomos de Kroos y Modric, y rondando por el área pasó de pedir discretamente algún penalti a rematar al larguero y convertir a Hart en héroe. El fallo fue de Pepe, pero no empaña su heroica actuación, que destrozó cientos de titulares guardados en borradores (Ciudadano Kun). Para entonces, el City se había partido como si fuera un puente mal construido, para más inri del ocupante del banquillo celeste. En aquellos minutos en los que el encuentro, y quién sabe si la eliminatoria, estaba cuesta abajo, Zidane refrenó la entrada de Isco y con ella el golpe de audacia. Viendo las sonrisas de los ingleses al pitar el árbitro el final, queda la duda de si tendremos que arrepentirnos.




jueves, 21 de abril de 2016

This is... the end?

Los aplausos de la grada al final del partido de Euroliga de este martes, que confirmaba la eliminación del Real Madrid, vigente campeón, evocaban esta canción. Es posible que a algunos les parezca exagerada la metáfora. La temporada del equipo blanco ha sido una carrera de obstáculos: falta de descanso de las principales figuras, mal acomodo de los nuevos fichajes, rotación inexistente por las derrotas del comienzo, falta de acople, entrada al top 16 con la lengua fuera, varias canastas dolorosas en el final de cada período, la lesión de Rudy de varios meses, la marcha de Rivers y Slaughter y la pérdida de defensa, el affaire de los pasaportes, el bajón de puntales secundarios como Reyes, Maciulis o Nocioni, la clasificación agónica al play-off de cuartos, el emparejamiento con el peor rival posible... Y entre tanto, se ganaron la Intercontinental y la Copa del Rey. Todos estos atenuantes reducen la categoría de catástrofe que se ha aplicado a la cesión del trono europeo.

Pero en el Real Madrid no parecen valer los atenuantes. Tampoco el historial el títulos conseguido en estos cuatro años. Laso vuelve a estar cuestionado, y no sólo por los aficionados más ansiosos ("con la plantilla que tenemos, las victorias deberían haber sido totales", olvidando el erial previo a la llegada del vitoriano, que, nadie lo niega, tiene sus carencias). Desde el club se están empezando a filtrar rumores a la prensa. Que si Sergio Rodríguez se vuelve a la NBA, que si Ayón quiere cobrar 4 millones al destaparse como estrella, que si cada pívot que Laso echa del Madrid acaba triunfando en otro lado (Bourousis ha sido capital en el Baskonia para conducirlo a la Final Four, y yo me atrevería a asegurar que la rabia y el afán por reivindicarse ha tenido mucho que ver)... El entrenador vuelve a estar en la picota, e incluso se habla de limpia del equipo. No de reforzar las lagunas (juego interior, cuatro anotador, y base suplente), sino de reestructuración total y salida de varias vacas sagradas por jugadores de complemento.

Frente a todo esto, sólo queda apretar los dientes y concentrarse. Queda un título en juego: la liga ACB. Como cada año, el Madrid vuelve a apostar su destino al todo o nada. Resulta inútil pedir un poco de perspectiva, porque se alude a que se ha invertido más dinero que otros años en la sección, y el camino que va de los Sergios y Ayones a los Claveres y Othellos Hunteres está ya trazado. El balón va a volar, y todo dependerá de si entra o no. La épica y la crueldad de The Doors (esencia de la que el club, me temo, es incapaz de escapar) volverán a estar presentes.


jueves, 14 de abril de 2016

Momento crucial

Como en la película de Woody Allen, Match Point (que debo reconocer que no he visto), la temporada de los grandes equipos de la liga está en el alambre. ¿Hacia dónde caerá la pelota del éxito?

BARCELONA: Eran los favoritos para el triplete, pero ya no podrá ser. La tendencia es descendente, cierto, aunque mantiene enormes opciones para un doblete de Liga y Copa. Dicen en la radio que Messi está jugando lesionado, y de ahí su bajo rendimiento. A pesar de que sólo se vean nubes negras esta noche, su posición es envidiada por cualquier perseguidor. 

ATLÉTICO:  Tienen mucho mérito, la épica, la comunión con la grada, etc. A mí no me gusta que ganen, lo siento mucho. Por desgracia, mis afectos y desafectos no deciden el curso de los acontecimientos (todavía...), de modo que, habida cuenta del subidón anímico que tendrán tras pasar a semis, Simeone va a llevar al equipo surfeando sobre la ola del final de temporada. Peligrosísimos.

REAL MADRID: Impredecible. Grandes jugadores, fallos garrafales, secundarios que destacan, primeros espadas que se esconden, irregularidad dentro de un mismo partido... El caos, nihilismo puro. Pero Nietzsche también tenía su grandeza. Es lo que nos queda. Qué deporte tan extraño, éste.


jueves, 7 de abril de 2016

En Alemania, cuida los detalles

Tras la enésima derrota del Madrid en Alemania (lo de las últimas temporadas fue un espejismo, hemos vuelto por nuestros fueros en el país teutón), permanecí, serio y en silencio, ante el televisor apagado, reflexionando acerca de cómo era posible que este equipo hubiese ganado en el Camp Nou hacía sólo cuatro días. Por supuesto, la actitud defensiva y de compromiso de la BBC había sido diferente, con la consiguiente mejora del rendimiento de los centrocampistas. Pero le daba vueltas a algo más allá de los aspectos tácticos o físicos. Hay un patrón en el conjunto blanco que se repite, una forma de encarar los encuentros que, cada vez más, constituye decepcionante marca de la casa.

El Madrid vive constantemente en el alambre. Depende de los detalles; algo que, en un deporte tan azaroso como el fútbol, supone una suerte de ruleta rusa. No impone con autoridad su juego, sino que sobrevive tratando de aprovechar lo que el partido le ofrece o lo que él, con cuentagotas, es capaz de generar esporádicamente. En Barcelona, su mayor mérito provino de la fortaleza mental: al no venirse abajo cuando las primeras opciones favorables se le escaparon (o le fueron hurtadas), pudo sacar rédito de las siguientes. En Alemania también tuvo posibilidades, pero esta vez no se reflejaron en el marcador. Cristiano estaba, a juicio del árbitro, unos centímetros adelantado, y Benzemá, me parece que ya lesionado, falló un mano a mano y un franco remate de cabeza. En esos quince primeros minutos, la eliminatoria pudo ponerse 0-2, siempre gracias a los detalles.

Pero otro detalle cambió la leve inercia que el Madrid había impuesto. Una jugada por la banda izquierda terminó con Casemiro entrando como un elefante en la cacharrería. Fue penalti más por falta de sutileza que por otra cosa. El Wolfsburgo se encontraba con un gol de ventaja gracias a una situación aislada. Una contrariedad, sin duda, pero tampoco una tragedia, a priori. Simplemente, un detalle. Oh, cielos.

Es triste que algo tan nimio pueda repercutir tanto en la frágil moral de nuestro equipo, pero así es este Real Madrid. Un poco como Pablo Iglesias: puño de hierro y mandíbula de cristal. A partir de ese momento, y aún más con el 2-0 (también fruto de otra jugada aislada, el Wolfsburgo jamás pretendió nada parecido a imponer su juego, se limitó a estar ordenado y a aprovechar... ¿adivinan qué?) el Madrid perdió las formas como Pipi Estrada en un reservado. Draxler hizo lo que quiso con Danilo, más Dañino que nunca. Zidane no supo corregir este desequilibrio, quizá porque las vías de agua abundaban: toda la defensa era un flan, el comodín de Marcelo restaba, y la BBC no estaba dispuesta a ayudar al medio dos partidos seguidos. Únicamente Bale se obstinaba en ganar el partido, tan voluntarioso como náufrago. Entre tanto, el desorden. Presiones individuales, pérdidas, falta de ideas... Isco salió en la segunda parte, y dio un pase a Cristiano que pudo ser el 2-1 y ahí se quedó, en el limbo metafísico de los poetas. Poetas muertos.

El Wolfsburgo no fue exigido a un derroche de entrega. Serio, ordenadito, e incluso punzante cuando sus limitaciones se lo permitían, castigando la horrible actuación de nuestros laterales. El Marca ya había repescado el titular de siempre cinco minutos antes de que pitara el árbitro. Sabemos lo que toca: Juanito, etcétera. Quiá. A esta altura en el cruce del río, ya no podemos cambiar de caballo. La única posibilidad del Madrid es salir decidido, sí, pero, sobre todo, atento a los detalles.