lunes, 28 de marzo de 2016

El terrorismo en los medios

Al leer la historia de Perikorro, en los cuatro ratos que he tenido esta semana me he puesto a investigar acerca de la actividad del terrorismo en Madrid en el año 1991. Revisando algunos libros al respecto y la hemeroteca del diario El País, me encuentro con unas declaraciones de Kubati referentes a unos atentados con víctimas que se produjeron en la capital en el otoño de ese año. El etarra reconvenía a sus compinches acerca del error que, a su juicio, había supuesto colocar las tres bombas en lugares cercanos entre sí, permitiendo que hubiera cámaras que grabaran el sangriento espectáculo. "Si sólo se pone una, cuando llegan las cámaras normalmente ya han sido evacuadas las víctimas. Si se desean(*) poner más, que sean(*) en zonas distintas. Parece una tontería, pero hemos de fijarnos en esos detalles..." 

Nunca he tenido dudas acerca de la necesidad de mostrar las imágenes, pese a la truculencia. Aquellas palabras ratifican mi posición. La confesión del indeseable ponía de manifiesto su preferencia por que las operaciones se mostraran "asépticas", sin mala publicidad; por una cobertura que se centrara en las implicaciones (contexto, causas, consecuencias, etc.) del acto, pero no en el acto. El terrorista pretendía que la prensa adoptara el mismo punto de vista que tiene él cuando comete el asesinato: ver en la víctima todo menos su condición humana. Frente a esto, centrarse fríamente en los hechos supone el mejor antídoto contra cualquier atisbo de propaganda inconsciente.

Sin embargo, al mismo tiempo que rebuscaba en los baúles del recuerdo, se produjo otro atentado en Bruselas. La naturaleza de estos terroristas es distinta a la del susceptible Kubati. Pertenecen a una organización que no sólo no tiene miedo a la difusión de imágenes, sino que han empleado el medio audiovisual como cruel forma de publicidad. Esta diferencia, ¿debería conllevar un tratamiento desigual de la noticia? ¿Hasta qué punto se "hace el juego" y se colabora, involuntariamente por supuesto, en el refocilo que les produce la constatación de su macabro deber cumplido y, lo que es más grave, en que subrayar su despreciable éxito anime a otros tantos a emularlo?

A pesar de esta última objeción, yo sigo coincidiendo con la máxima de tantos periodistas: "el mal no soporta el foco". La información siempre es beneficiosa frente al crimen. Pero admito argumentos en contra. ¿Qué os parece?

* La falta de concordancia fue literal.

jueves, 17 de marzo de 2016

El orgullo no bastó

La extraordinaria lección del Real Madrid en el Palau fue abortada por un único movimiento: la entrada de Dorsey. Maquiavelo Pascual consiguió el merecido premio, pues fue el único que no perdió los nervios cuando más difícil lo tenía su equipo. 

El primer cuarto no lo vi, pero la salida del Barça tuvo que ser en tromba: 25-4. La diferencia en el electrónico llegó a situarse en los 25 puntos. Cualquier otro equipo se hubiera rendido, pero no el Madrid. A partir de ese momento, en una de las remontadas más épicas que yo he visto en una cancha, el conjunto blanco pasó de estar más de veinte abajo a ¡6 arriba! Con una defensa excepcional (fundamental la entrada de Rodolfo, por fin ha vuelto), consiguiendo neutralizar el rebote ofensivo culé que tanto daño había provocado en el aro merengue, aumentando la confianza hasta el punto de silenciar al Palau. Casi cada ataque madridista era canasta, y el Barcelona fallaba y fallaba. Hasta que saltó Dorsey al parqué, y la luz del Chacho se cegó. En los últimos minutos el Madrid sólo supo armar dos jugadas rocambolescas (alley-ops) para encestar. La intimidación del último fichaje del Barcelona daba sus frutos. Poco a poco, el acongojado equipo de Pascual perdió el miedo al ridículo que se le había venido encima, y se puso por delante. Los errores del Madrid en el rebote lastraron cualquier posibilidad postrera. 

El Barcelona alcanza a los de Laso en la clasificación de la Euroliga. Pintan nubarrones para clasificarse, pero mi equipo tiene toda la credibilidad del mundo, Después de lo de hoy, aún más. 

lunes, 7 de marzo de 2016

La RDA y el equipo del régimen

El uso frívolo de la expresión "equipo del régimen" es bastante habitual en la charla futbolera media, (que se parece poco, ay, a la mayoría de análisis que algunos nos ofrecen en este bar). Si se realiza con ánimo burlón y gracejo, puede resultar hasta socarrón y divertida, lo hagan los del Atleti frente al Madrid o los del Espanyol frente al Barça. El problema viene cuando la invectiva, fruto de la rabia, es pretendidamente utilizada como arma dialéctica. En esos casos, se muestra la  terrible ignorancia de quien así actúa. Y tiene un efecto colateral lesivo: banalizar lo que implica, auténticamente, la categoría de equipo del régimen.

Equipo del régimen fue, stricto sensu, el Dinamo de Berlín. La República Democrática de Alemania lo adoptó como elemento propagandístico de primer nivel, y en 1954 no dudó en trasladar en bloque el Dinamo de Dresde, el mejor equipo del país, a Berlín. Como suena: por medio de la policía política (Stasi) del siniestro Erich Mielke, le arrebató todos los jugadores titulares al mejor conjunto de la RDA para regalárselos al Dinamo de Berlín. En Dresde quedaron los suplentes, y el club hubo de reconstruirse a partir de los juveniles, pero no pudo evitar el descenso a Segunda División. El Dinamo de Berlín, artificialmente fortalecido de aquella forma, hizo el camino inverso, subiendo a Primera. El mencionado Mielke, director de la Stasi, se complació. La operación había sido un éxito

No obstante, con el paso de los años, el desvalijado Dinamo de Dresde consiguió volver a la máxima categoría en el 62, e incluso ganar algunos títulos entre 1971 y 1978. Aquello no gustó a Mielke, que volvió a reclutar jugadores, esta vez de todo el país, para lograr que su Dinamo de Berlín ganara consecutivamente todos los títulos desde el 79 hasta el 88. En la mayoría de esos años el Dinamo de Dresde fue segundo, lo que le permitió participar en competiciones europeas, llegando con frecuencia más lejos en ellas que su competidor berlinés. 

Huelga decir que tal circunstancia hacía que Mielke se subiera por las paredes. ¡Menudo descrédito para su equipo! De modo que ordenó que espías acompañaran al Dinamo de Dresde en cada desplazamiento, y en una ocasión detuvo a tres jugadores acusándolos de querer fugarse de la RDA para fichar por el Colonia. Sin embargo, el rendimiento en Europa del conjunto de Sajonia seguía siendo superior. Y hubo que dar un paso más.

En la temporada 1985-86, el Dinamo de Dresde jugaba los cuartos de final de la Recopa contra un equipo de Alemania Occidental: el Bayer Uerdingen. En Dresde ganó 2-0, y en la vuelta el partido estaba más que controlado: ganaba 1-3 a falta de 30 minutos para el final. Entonces, en un parón del juego, el masajista del equipo dio de beber algo a varios de los jugadores, que, a partir de ese momento, vieron esfumarse sus fuerzas de una forma increíble. En media hora, el Bayer Uerdingen les hizo seis goles, acabando el encuentro 7-3 y resultando eliminados inesperadamente. En el viaje de vuelta, los jugadores que bebieron sufrieron vómitos e intensas cefaleas. La conclusión es unánime: han sido envenenados. Mielke no podía permitir que ningún club de la RDA destacase más que el Dinamo de Berlín. Un verdadero equipo de régimen.

Dinamo de Berlín. 1987.

PD: el Bayer Uerdingen cayó en semifinales frente al Atlético de Madrid, que pasará a la final para ser arrollado por un Dinamo de Kiev de Lobanovsky.