jueves, 25 de febrero de 2016

Born in the Bernabéu

Born down in a dead men club
the first kick I gave was when I hit the ground
I felt really nice, but the last decade
culés beat us too much, and I had to covered up

{Nacido al sur de un club decadente
la primera patada que di fue cuando nací
Fui realmente feliz, pero en la última década
los culés nos golpearon demasiado, y tuve que esconderme}

Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
Born in the Bernabéu

Got in a "little" hometown defeat
so they put a pair of boots in my hand
send me off to a foreign camp
to go and kill blaugrana man

{Tuve una "pequeña" derrota local
así que me dieron un par de botas
y me enviaron a un campo extranjero
para matar al hombre blaugrana}

Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
Born in the Bernabéu

Come back home, after a new deception
president says "Son, if it was up to me"
Went down to see my V. A. man: Alf
he said "Son, don't you understand?" 

{Vuelvo a casa después de una nueva decepción
el presidente dice: "Hijo, si fuera por mí..."
Fui a ver al del departamento de veteranos de guerra: Alfredo
él dijo: "muchacho, ¿todavía no entiendes el problema?"}

"I lost a brother at Nou Camp
fighting off the culé hordes.
Now they're still there, and we're all gone
But in those years, we ran for the partner
We lost some battles but we won wars"

{"Perdí un hermano en el Nou Camp
luchando contra las hordas culés.
Ahora ellos siguen allí, y nosotros nos hemos ido.
Pero en aquellos años, corríamos por el compañero
perdíamos algunas batallas pero ganábamos las guerras"}

Down in the shadow of the stadium
I miss a lot those days of camaraderies
I'm ten years burning down the road
nowhere to run ain't got nowhere to go

{Bajo la sombra del estadio,
echo de menos aquellos días de camaradería.
Llevo 10 años quemando el camino
sin rumbo adonde correr ni rumbo adonde ir}

Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
I was
Born in the Bernabéu
Born in the Bernabéu



jueves, 18 de febrero de 2016

Copa del Rey de Baloncesto 2016

Esta tarde comienza la Copa del Rey de baloncesto, en La Coruña. Esta edición del torneo se caracteriza por la ausencia de un favoritismo limitado únicamente a los dos grandes del baloncesto español. Por primera vez en mucho tiempo, el Valencia y el Baskonia parten con unas expectativas superiores, por ejemplo, a las del Madrid, si nos atenemos a sus estados de forma. El Barcelona, por su parte, acude a la cita con la artera mirada de quien se sabe experto en estas lides (desde 2010, en tres ediciones ha terminado como campeón, y en las otras sólo el Madrid ha sido capaz de eliminarlo).

BASKONIA: El ogro ha vuelto. Después de unas temporadas en las que redujo su nivel de forma considerable (el año pasado, una derrota en liga regular frente al Madrid les arrebató hasta la clasificación para la Copa), Querejeta ha vuelto a formar un equipo que no sólo compite de manera extraordinaria en España, sino que ha recuperado el pulso en Europa por encima de Madrid y Barcelona, al menos de momento. El Bourousis que, quién sabe por qué razones, se dejó llevar la temporada pasada, actúa como patriarca de este conjunto tan joven, cemento armado que hasta controla (y no es broma) desde la posición de pívot el tempo de los ataques. Los peligros desde el perímetro y las penetraciones los traen James, Causeur o Adams. Equipo duro y atlético, ahora mismo en su mejor momento de la temporada.

VALENCIA: Tengo sensaciones enfrentadas con este equipo, que no es de mis favoritos (lo siento, Gamper)  pero que está dirigido por un entrenador al que admiro, Pedro Martínez, y al que le deseo lo mejor después de su despido de Gran Canaria, probablemente por opinar lo indebido políticamente. La plantilla de este año es un salto de calidad (el récord de victorias lo acredita, pese al palo que les pegó el Limoges en la Eurocup), pero la incorporación más decisiva me ha parecido la de Justin Hamilton. ¡Qué jugador! Entre él y Dubljević tienen calidad a raudales, y están bien escoltados por una pléyade de secundarios que conocen su rol. Lo único, que no están en la cresta de la ola, como hace unas semanas. 

BARCELONA: La lesión de Lawal (probablemente se pierda la temporada) ha sido un contratiempo importante, que veremos si podrán solucionar a tiempo para esta competición con la incorporación de Dorsey. En cualquier caso, se prevén muchos minutos en el puesto de base para Satoransky y Ribas, y eso los hace peligrosísimos. El rendimiento de Navarro es una incógnita, pero a un equipo con Abrines, Oleson (que no es el de otras temporadas pero yo no me fío), Doellman, Tomic, y la cantidad de pívots secundarios que pueden cargarse de faltas si es preciso para ejecutar su contundente defensa (Pascual style) no se le puede quitar el cartel de favorito.

REAL MADRID: La baja de Rudy es una losa esta temporada (como la ausencia de un sustituto para Slaughter). Sus ayudas defensivas eran fundamentales, subían el nivel atrás que permitía romper los partidos. El hilo de oro que cosían los retales del valioso paño que es la plantilla del Real Madrid. En los últimos partidos el equipo ha tirado de sobreesfuerzos de Ayón, Llull y, en menor medida, del Chacho, que está algo bajo de forma. Por si fuera poco, Felipe Reyes y Nocioni, si llegan, lo harán mermados. Hay secundarios como Lima o Rivers que van a tener que dar un paso al frente, pero soy pesimista, habida cuenta del nivel medio de esta edición de la Copa. Otros jugadores, por su parte, tienen la ocasión de reivindicarse, como Jeff Taylor, que vino con cartel de dominante en Europa y cuya producción ofensiva (a pesar de un buen acierto en triples, algo menos importante ya que apenas tira) está siendo limitada, Thompkins o Hernangómez.

Hay otros equipos muy en forma, como Fuenlabrada, nuestro primer rival, o el Obradoiro, anfitrión, que están esperando para dar la sorpresa. Esto es la Copa, y todo puede suceder. Hoy, a las 19:00, empezamos a comprobarlo.


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miércoles, 10 de febrero de 2016

Los peligros de una estrategia populista

Comentábamos el otro día la efectividad que demuestran determinados discursos, no muy rigurosos desde el punto de vista intelectual, a la hora de arrastrar gente sin la necesidad del penoso trabajo, tan lento y poco agradecido, de la concienciación, la explicación racional y la pedagogía. La patria, el afecto por el terruño, la inmigración, los sueldos de los políticos, la paz en el mundo como coartada para no hacer nada en política exterior, el antisemitismo, los burócratas que nos suben los impuestos, la pérdida de nuestros supuestos valores, la seguridad, el asamblearismo y la transparencia total... de distinta naturaleza, todos son banderines de fácil enganche. Sabemos que los partidos que aspiran a gobernar tienen que tener en cuenta la naturaleza de show de la sociedad de la hiperinformación, y por supuesto han de ser didácticos y a la vez cercanos en el ámbito emotivo. Pero insistía en la idea de que no pueden quedarse ahí, tienen que aportar un sustento ideológico que constituya un núcleo conceptual más allá de las formas. Una cosmovisión que sea su brújula, y que les permita "orientar" ligeramente al pueblo si es preciso. Siempre desde la persuasión, por supuesto.

La tentación populista es grande. Consigue, como ya digo, adhesiones muy fuertes sin necesidad de estructurar discursos complejos. Pero esa ventaja cortoplacista tiene consecuencias negativas a medio plazo. Asumir que el debate ha de realizarse exclusivamente en esos términos nos coloca en terrenos donde cualquiera puede llegar muy alto sin tener un corpus intelectual suficiente, o, peor aún, sin que se le vean las costuras más sucias. La postura antiinmigración es un hongo que ha florecido en Europa de manera extraordinaria: Le Pen, el movimiento Pegida en Alemania, Farage y el UKIP... Un eslogan sencillo y ahí tienes millones de votos. ¿Cómo contrarrestarlo? ¿Quién puede colocar esa idea frente al espejo de la complejidad, cuando se ha aceptado que la batalla va de "zascas" y de pensamiento frágil, perdón, fácil? 

"Sí, sí, eso está muy bien, pero a ver quién es el guapo que renuncia a una forma efectiva de conseguir votantes si la alternativa es tan costosa". Quizá haya que concienciar en que determinadas estrategias no sólo pueden ir en contra de la sociedad en el medio plazo, sino incluso en contra de los ejecutores.

Durante la legislatura de Obama, el partido Republicano se dedicó a cultivar un movimiento populista llamado Tea Party. El nombre tiene reminiscencias de la revolución americana (ya conocéis el mito de que Estados Unidos se creó cuando Inglaterra les quiso imponer un impuesto al té: todas las naciones surgen de un ens roben particular), y sus postulados no pasan de consignas baratas: los impuestos son un robo, el sueño americano se está destruyendo por ese peligroso socialista de Barack, hay que recuperar los valores conservadores... Todo ese discurso, aglutinador de mayorías, ha terminado por confluir en un candidato histriónico llamado Donald Trump, que es favorito en las primarias y que, si triunfa, me temo acabará con las esperanzas del GOP de llegar a Washington. Los peligros del populismo son paradójicos.