jueves, 24 de septiembre de 2015

Las ondas magufas

El Ayuntamiento de Vitoria ha aprobado por unanimidad una propuesta de Sumando Podemos (Sumando Mentiras debería llamarse la candidatura) para limitar las zonas con Wifi en espacio público y eliminarlas completamente en caso de que haya niños. El objetivo de "mejorar la salud de los ciudadanos" no tiene base científica alguna, lo que no ha impedido que TODOS los partidos del ayuntamiento (PP, PSOE, los podemitas, Irabazi, PNV y Bildu: no hay hecho diferencial en terrenos de estupidez y superstición) estén a favor de semejante majadería.

Todas estas corrientes anti-ondas se basan en mentiras y libros conspiranoicos (que arraigan en la abonada tierra del prejuicio del ignorante contra la tecnología; lo artificial ya puede mejorar nuestra calidad de vida exponencialmente, que siempre será sospechoso frente a "lo natural" o "las recetas de la abuela"), entre los que destacan los escritos por gente como Paul Brodeur. Este hombre lleva desde los ¿años setenta? haciendo el ridículo con sus textos antitecnológicos. En su momento protagonizó una campaña contra los hornos microondas alegando una supuesta radiación perniciosa por parte de las ondas del aparato que iba a destruir (sic) la salud de muchísimas personas.

Las radiaciones de alta energía (ionizantes) pueden causar mutaciones debido a su capacidad de romper los enlaces químicos, y por lo tanto pueden provocar cáncer. Pero como sabe cualquiera que haya estudiado Física en el bachillerato, la energía es directamente proporcional a la frecuencia y por lo tanto inversamente proporcional a la longitud de onda (para quien desee más profundidad, que busque un poco quién era Planck y qué investigaba). A menor longitud de onda, mayor frecuencia, y por tanto, mayor es la energía y la capacidad lesiva. Por tanto, la gran longitud de onda que tienen las ondas del microondas las hace inofensivas. Dio igual. Afortunadamente, la comodidad de calentarse un vaso de leche sin encender la hornilla pesó más que la truculencia de las mentiras.

Posteriormente, apoyado por un estudio sesgado, al tal Brodeur le dio por ir contra los cables de alta tensión. Decía que provocaban leucemia, y ese libro tuvo tanto éxito que en América una gran cantidad de atemorizados padres exigió a los colegios que tomaran medidas o cambiarían a sus hijos de centro. No importó que se realizaran estudios que investigaron a decenas de miles de trabajadores de empresas eléctricas en EEUU, Canadá o Francia que no obtuvieran ningún resultado de causalidad, el tipo había emponzoñado y tú difama que algo queda. Se siguieron realizando estudios para demostrar la falsedad de aquello, y el asunto llegó a publicarse en el New England Journal of Medicine (Gamper lo conocerá). Hay estimaciones de que los gobiernos han gastado 25.000 millones de dólares en estudios que apaguen la mecha que tan irresponsablemente encendieron este tipo y sus seguidores.

Cuando el equipo de Manuela Carmena quiso montar una página web de la Verdad (qué orwelliano suena, ¿no es cierto?) se le echaron encima. Puede que algunas mentiras sean inofensivas, pero lo cierto es que otras operan dañinamente en la realidad. No es lo mismo afirmar que Napoleón venció a Wellington que gritar "¡fuego!" en un cine lleno de gente. Ojalá algún día, en lugar de tener un Madrid libre de transgénicos o una Vitoria libre de Wifi, tengamos una España (¡una Europa!) libre de necios.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Goleada en Cornellá

El fútbol provoca situaciones curiosas, como que el día posterior a la Diada Cristiano Ronaldo salga a hombros de Barcelona. El espectáculo hubiese resultado más fuerte en el Camp Nou, no cabe duda ("El Real Madrid es una máquina de fabricar independentistas", mi generosidad le hubiera ahorrado el trabajo al redactor de (la Van)guardia), pero también en la curva de los radicales del Espanyol había esteladas blanquiazules. Al lado, por cierto, de alguna rojigualda. Al fin y al cabo, la estulticia emotiva es transversal.

Cinco goles como cinco soles, y aún se enfadó el portugués cuando erró el séptimo tanto a escasos minutos del final (Benítez pensó que mejor no meneallo, y el librillo de las rotaciones quedó para mejor ocasión de lectura). Hay una corriente de madridistas que abogan por venderlo, y quizá tengan razón, pero a mí me educaron para no levantarme de la mesa hasta haber apurado el plato (consejo que llevé a otros ámbitos de mi vida, como el de las mujeres). Que Cristiano no vaya a pasar de los 50 goles esta temporada es sólo una opinión, de momento más audaz que obvia.

El equipo españolista fue más blando que una mierda de pavo (premio a quien me adivine al autor de esta metáfora, a ver si hay huevos esta vez, Azteca), hay que reconocerlo, pero los deméritos rivales no impiden disfrutar con los arrastres en corto de Modric, las arrancadas de Carvajal, el descaro de Luquitas Vázquez o los bombones de Benzemá. Disfrutar del camino, lo llaman en los sobres de azúcar. El partido se acabó mucho antes, con el 0-2. Qué bueno que regresó la liga.