jueves, 14 de octubre de 2010

Las frustraciones de Inglaterra

   El nuevo fiasco de la selección inglesa en Wembley este martes, empatando a cero ante Montenegro, ha profundizado más en las heridas que el conjunto arrastraba, no ya desde el Mundial, sino muchos años atrás.

   ¿Qué le pasa a Inglaterra? Parece no tener explicación. Su liga es considerada por muchos la mejor del mundo, tienen un puñado de clubes entre los más punteros de Europa (actualmente son los que más equipos aportan a la élite europea por nacionalidad), y la lista de jugadores disponibles no es desdeñable: Lampard, Gerrard, Carrick, Barry, Lennon, Ferdinand, Rooney, Johnson, Cole, Milner, Wright Philipps, Defoe... ¿Cuál es el error para que, año tras año, el combinado de los tres leones en la camiseta eleve la frustración de los súbditos de su Graciosa Majestad?

   Los ingleses argumentan una carencia de patrón de juego definido, más allá del topicazo del balón a la olla, y miran con envidia la estructura que hay en España en las categorías inferiores, donde el talento prima al físico. En las Islas se premia más el choque, el bregar (el término tackling se acuñó allí), el contacto y la lucha, quedando aparcados la creatividad, el talento para combinar, y a veces incluso la técnica individual.

   Sin duda la falta de planificación a nivel de cantera es un lastre, y el no tener un modelo a seguir dificulta aún más la consecución de resultados positivos, pero... ¿y los jugadores? Antes he citado una serie de futbolistas que son catalogados como extraordinarios. ¿Lo son realmente? ¿No hay que tener en cuenta el rendimiento que dan fuera de su (por llamarlo de algún modo) "hábitat natural"?

    Existe una corriente de admiración (bajo mi punto de vista desmesurada) por parte de un amplio sector de la afición y la prensa especializada del futbolista británico (pongamos como ejemplo a Frank Lampard) por unas determinadas características, como el golpeo de media distancia o el coraje y la fuerza con que va al choque, quienes tratan de situarlo a un nivel de calidad que creo no le corresponde. En mi opinión, mucha gente actúa de manera frívola cuando sólo se queda con detalles puntuales de este tipo de jugador. Sin duda a esto contribuye que las virtudes mencionadas, como el disparo desde fuera del área, son muy vistosas (cabe destacar que encuentran más facilidad para su desarrollo y demostración en las Islas, por el tipo de juego y el ritmo que se confiere allí a los partidos), pero caeríamos en un error en obviar las lagunas, bastante sangrantes, que muestran esos mismos futbolistas, que en muchos casos tienen una mayor importancia que la singularidad a la que tanto bombo se le da por su plasticidad y belleza.

   Las aspiraciones de Inglaterra deben tener en consideración sus limitaciones y carencias actuales. La ausencia de patrón de juego es un obstáculo, como lo es el colocar una etiqueta de megaestrellas a tipos que no lo son. Debería evitarse que determinados jugadores, por hallarse en la Premier en un posicionamiento, digamos, elevado, en base a unas virtudes cuya importancia en el juego británico es mucho mayor que en el de otros países, sean considerados como la panacea, cuando, año sí y año también, con Capello, McLaren, Eriksson, etc. no han demostrado esa clase que se atribuía.

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