domingo, 6 de agosto de 2017

Matar al padre

Matar al padre es la figura metafórica que usaba Freud para referirse al instante en que las personas maduramos y dejamos de depender de la aprobación o tutela paterna, porque en ese momento dejamos de admirarlo o creerlo casi omnipotente, como sucedía en la infancia.

Mourinho es la última persona que yo consideraría "un padre" para el Madrid. Si bien resultaría injusto negar que el proyecto de Florentino Pérez se colocó a la par del resto de grandes de Europa recorriendo la parte más dura del tortuoso camino con el portugués. Para lo bueno y para lo malo. El final del trayecto y los éxitos auténticos llegaron una vez la figura del setubalí andaba bien lejos de Concha Espina, pero ciertas espitas (y también algunas zonas de tierra quemada) fueron colocadas por el insufrible. De modo que en cierta medida, existe un (diminuto, si queréis) hilo que vincula el satisfecho Madrid actual con sus titubeantes orígenes. 

El martes nos encontramos con Mou, amistosos aparte, por primera vez desde que se marchó. Se trata de una competición menor, pero nos ha de servir para cortar los últimos vestigios que quedan. Tenemos que matar al padre.



viernes, 21 de julio de 2017

Calendario Liga 2017-18

Andamos caninos de fúrgol (¿se podrá decir fúrgol ahora que el insigne acuñador del término está en chirona?), así que noticias tan anodinas a priori como el sorteo del calendario de Primera División nos parecen interesantísimas. Lo que nos interesa a los madridistas:

Jornada 1. Deportivo - Real Madrid. 19-20 agosto.
En otra época supondría un comienzo brutal, pero el Dépor no es el que era. Si bien es cierto que el partido es fuera de casa, y se juega pocos días después de la vuelta de la Supercopa de España contra el Barcelona.

Jornada 12. Atlético de Madrid - Real Madrid. 18-19 noviembre.
Justo se cumplirá un año del último derby liguero en el Calderón (ver post si gustan, escribí crónica). Si finalmente Costa se enfunda la rojiblanca, el otro equipo de la ciudad quizá vuelva a pelear el título de liga, quién sabe. En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que será la semana de la turra: superioridad moral, "no lo pueden entender", etc. etc.

Jornada 17. Real Madrid - Barcelona. 20 diciembre.
El último partido de 2017, tras volver del Mundial de Clubes. Mala fecha para el Madrid, que puede ver cómo el Barcelona le gana un duelo liguero por tercera vez consecutiva en su estadio. No sé si eso ha sucedido antes en alguna ocasión.

Jornada 21. Valencia - Real Madrid. 27-28 enero.
La tradicional visita en enero a Mestalla (ah, estos deliciosos condicionantes que le meten al calendario, qué previsible lo vuelven). Saldrán con el cuchillo entre los dientes, así que más vale que para entonces hayamos bajado los turrones.

Jornada 31. Real Madrid - Atlético. 7-8 abril.
A esas alturas del año, si Tutatis quiere, estaremos jugando los cuartos de final de la Copa de Europa. Qué mejor respiro que el Atlético de Simeone, un nada correoso rival. Cagontó.

Jornada 34. Sevilla - Real Madrid. 21-22 abril.
En plena feria de Sevilla, y siempre que no haya duelo copero o europeo antes, se producirá el esperado retorno de Sergio Ramos al Sánchez Pizjuán después de la polémica de la pasada temporada. Apuesto a que puedo adivinar el 99% de la escaleta de todos los programas deportivos de la semana previa.

Jornada 36. Barcelona - Real Madrid. 5-6 mayo.
Antepenúltima jornada de Liga en el Camp Nou. Crom nos coja confesados.

Jornada 38. Villarreal - Real Madrid. 19-20 mayo.
Para acabar la competición visitamos un estadio sencillito, el Madrigal, cuyo presidente nos tiene en bastante buena estima. ¡Ah, la liga! Cuánto te echamos de menos.

martes, 11 de julio de 2017

James

Si su llegada fue inesperada (se destapó a ojos del futbolero medio con su golazo en el Mundial de Brasil, y a partir de ahí ya vino todo rodado: unos días para la negociación, unas semanas para el fichaje, y unos segundos para la inmediata acusación de intereses de la constructora de Florentino en Colombia), su partida no ha supuesto una sorpresa menor. No tanto por su salida como por su destino: un rival directo que no nos tiene en demasiada buena consideración. Y, en esta ocasión, a diferencia del caso de Alonso, no parece haber líos de faldas o infidelidades que justifiquen nada.

Para mí, James ha sido una pequeña decepción. Y eso que no tenía grandes expectativas tras su fichaje (seguramente por desconocimiento), de modo que su temporada 2014-15 me dejó con un buen sabor de boca. Menuda zurda exquisita, capaz de competir en toque de balón con cualquiera de los grandes. En el esfuerzo físico y la continuidad en el juego ya teníamos muchas más dudas, pero... ¡Qué golpeo de balón! Durante meses maldije la obstinación de Cristiano (me contengo para no llamarlo Cretino después del numerito de este junio) en tirar todas las faltas. El colombiano nos ganó a muchos desde su técnica, brillante y destacada, en el otoño-invierno excepcional de los cuatro centrocampistas del Madrid socialdemócrata de Ancelotti (socialdemócrata por desprendido en mediapuntas frente a la severidad de los mugrinhistas, tecnócratas cicateros ante el supuesto "derroche" de gasto público y de combinaciones; no me digáis que la metáfora no es acertada: ¡no falta ni la ceja!).

James fue protagonista también del momento en que pudimos romper la semifinal contra la Juve y acceder a la final de Copa de Europa de todos los tiempos. Su cabezazo al larguero en Turín que suponía el 1-2 aún me hace despertarme sudando en las peores noches, consiguiendo que alguna chica me llame subnormal por haberla echado del lecho a patadas, sin querer, al intentar remacharla en segunda jugada entre sueños.

Tras un primer año de bandera, su figura parecía crecer por momentos. Al inicio de su segunda temporada, dos golazos en un partido de ensueño contra el Betis nos prometían miles de tardes de gloria. Ahí se quedaron. Hasta Iñako había sacado artículo elogiándolo, y a mi juicio no podemos descartar que semejante gafe fuera el causante de su caída (a cambio en la columna menospreció a Isco llamándolo "jugador de cuñados", con una prosa y maneras rufianescas -pun intended-; el resto es historia, jojojo). Sea como fuere, James se fue diluyendo, y sus apariciones se tornaron cada vez más espaciadas, blindado el centro del campo madridista con el tridente Casemiro-Kroos-Modric. La 2016-17 debía ser la temporada de su resurrección o la confirmación de su fracaso. Dejó sus pinceladitas (esa zurda es de oro, dijimos), pero continuó en barrena, con actitud cada vez más polémica, si bien es cierto que sin llegar a bajar los brazos del todo. Tampoco tuvo suerte: en el día que pudo haber supuesto su redención, con el empate heroico ante el FCB, Messi le robó los titulares. El excepcional final de temporada de Isco supuso la puntilla.

Le desearía que le vaya bonito, pero no puedo quererle ningún bien al Bayern. De manera que espero que, como pasó con el Fideo en su huida a Old Trafford (el otro equipo odioso fuera de nuestras fronteras), acabe traspasado a un tercer club donde, ahí sí, halle la felicidad. En cualquier caso, se marcha con una Liga, dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa y dos Mundialitos. Como en el caso de tantas ex, no funcionó, aunque ni él ni nosotros nos arrepentimos. Hasta siempre.

domingo, 2 de julio de 2017

"Señor, ¿no tendría por ahí algún partidillo de limosna?"

Como los yonkis que te interpelan con ojos de cordero degollado para que les des un euro ("para comida, por supuesto"), alicaídos y ojerosos, andamos los aficionados estos primeros compases de verano. La derrota del Madrid de baloncesto contra el Valencia y mi pequeña decepción particular con el ascenso del Cádiz han rubricado un final agridulce para una temporada por lo demás espectacular. El doblete de Liga y Copa de Europa resulta extraordinario, si bien es cierto que ha tenido un efecto esperable en nosotros, los madridistas. A falta de una plusvalía sentimental en el relato como la que se atribuyen (por causas distintas) colchoneros y culés, el madridista vive de la acumulación*. En ese sentido, doce Copas de Europa empiezan ya a parecerme pocas a día 2 de julio, y no es descartable que septiembre me encuentre golpeando con el canto de la moneda de veinte céntimos la barra del bar, diciéndole a la imagen del televisor que ya está bien, a ver si espabilamos, Zizou. 

Pero ¡ah!, para llegar a esas anheladas jornadas donde poder cagarnos en el entrenador hay que atravesar el desierto estival. Ni Tour ni Wimbledon ni sucedáneos como la sub 21 me suponen el más mínimo consuelo. Y el mercado de fichajes, eterna liebre que nos colocan desde la prensa a los galgos que presentamos estas hambres caninas, se me repite más que una morcilla con pimientos. De modo que el panorama resultará desolador hasta que, poco a poco, vuelva a sonar la musiquilla de los anuncios para captar abonados, oasis salvador que me alivió todos los traumas que desde la infancia me producían sus homólogos del Corte Inglés, con la horrísona cancioncilla de la vuelta al cole.

No nos queda nada, ay.

*Al contrario que otros equipos que, como digo, buscan un sentido de trascendencia en cuestiones extradeportivas, el Madrid sólo puede aportar como "esencia identitaria" esa querencia un punto obsesiva. No es casualidad que Manuel Jabois, una de las voces más ilustradas del madridismo en los medios y alguien que no da puntada sin hilo, idease el "Hala Madrid y nada más", respuesta sutil al sempiterno "Visca el Barça y visca Catalunya". Conociendo como conozco al de Sanxenxo, tras haber leído casi todo lo que ha escrito (así es como se conoce a un columnista, ¿o no?), no me cabe duda de que la genialidad fue deliberada.

martes, 20 de junio de 2017

Nueve años ya

Nada sabemos de cuanto acontenció antes del Big Bang. Ni siquiera es del todo correcto este enfoque: ¿había tiempo en sentido estricto? No existe una respuesta completamente clarificadora. Por otro lado, el milagro de la vida engloba multitud de pequeños milagros a su vez, y uno de ellos es este blog.

Somos vio cómo cambiaba su rutina laboral-empresarial y cómo su hijo crecía y entraba a la universidad. Tomás encontró el amor, se embelesó contemplando el crecimiento de su comando, y aún tuvo tiempo para fundar, entre muchos otros, Podemos. Periko siguió con su grupete, también vio crecer a su prole y acudió a algún que otro concierto de Pink Floyd. Gamper aumentó su descendencia, jugó seis millones de partidas de pádel, hizo infinidad de barbacoas y retomó su vara de mando en plaza en su pueblo. Pérez asumió la responsabilidad de la paternidad, volvió de su estancia en Suiza y para más inri el Girona subió a primera. Diego cambió de trabajo, experimentó cambios familiares (antiguos miembros dieron un paso al lado de alguna forma, y otros miembros llegaron), viajó al lejano oriente y también vio crecer a sus hijos. In Goal pasó algún mal momento, nos explicó el canal de Panamá y disfrutó como todos los demás. Bob se fajó en la política más noble, la cercana, sus predicciones y su dedo nos señalaron el camino muchas veces y alguna Estrella Galicia cayó. Lucas nos contó mil y una historias de su época en el fútbol y nos hizo emocionarnos con el Rayito. Piero fundó una academia, pero sólo por su marcada humildad: los demás hubiésemos aceptado una religión. Cinco vivió en NY, así que para qué más. Jose-UK vivió a caballo entre Málaga y Escocia a la vez que entrenaba el mejor equipo de futbito de las islas e investigaba una cura contra el déficit de serotonina o contra el mal humor. Otros fueron menos explícitos con sus datos personales, o bien vinieron y se fueron por rachas: Cornapecha, Luis-UK, Alarma, Azteca, Connery, Después de la Lluvia, sanjuro, Daniel-ESP... Todos dejaron firma en la pared blanca del bar.

Y yo, claro. Observando agradecido este microcosmos. Nueve años consiguiendo sacarme una sonrisa o algún tipo de ilusión. Un bar paralelo a los bares habituales. A estas alturas, tampoco sé si hubo tiempo antes de él.

lunes, 12 de junio de 2017

Finales ACB 2017

El otro día. el Valencia Basket conseguía arrancar una valiosísima victoria en Madrid (1-1 en la serie), lo que les otorga el factor cancha. El equipo de Pedro Martínez muestra una determinación increíble, más aún teniendo en cuenta su trayectoria, cercana al gafe. Perder la final de Copa del Rey frente al Real Madrid era algo previsible, pero las estocadas en Eurocup de los últimos años han sido demasiado dolorosas, sobre todo la última remontada que les hizo Unicaja en la Fonteta, cuando ya rozaban el título con las yemas. Aun así, el conjunto naranja ha sacado fuerzas de flaqueza y, como digo, ganaron justamente en el pabellón madridista, después de haber mandado a la cuneta en semifinales al Baskonia y antes al decadente FCB de Bartzokas. Casi nada al aparato.

El Madrid, por su parte, deja sensaciones de que la temporada se le ha hecho muy larga. Después del tremendo desgaste para conseguir liderar la fase regular de una Euroliga eterna, la derrota ante la Fenerbicha en Estambul (aquí lo leyeron primero: había que evitarlos a toda costa hasta la final) ha sido un palo durísimo. Se encuentran los merengues en la misma situación que en 2014, en tierra de nadie al no haber cumplido la expectativa despertada, y casi sin fuerzas para acabar con un doblete que es magnífico pero a ojos de cierta afición se antoja insuficiente. El sentimiento de fracaso puede ser enorme si ni siquiera alzamos la liga, y la recompensa parece, injustamente, demasiado humilde (qué pronto se olvidan los años penando en el desierto). 

Sobre lo que ocurre en la cancha, dejaré algunas breves anotaciones. El Valencia nos supera a base de rebote y consiguen multitud de tiros de campo, lo que les iguala a nuestro superior talento. El Madrid tiene varios pilares en barrena: lo de Rudy ofensivamente ya es una defunción anunciada, pero es que Doncic y Randolph se han diluido de forma lamentable. Algunos achacan a Llull que su dirección es la menos coral de la historia del Madrid de Laso, y algo de eso hay, pero desde luego la irregularidad de Carroll y las faltas de concentración de Ayón consiguen que los defectos de Llull se acentúen. ¿Podrá el Real revertir los vicios que ha ido adquiriendo al jugar demasiado tiempo al trantrán? De ello dependerá la consecución de la liga, empresa nada sencilla habida cuenta del ambiente que nos espera en la Fonteta. En cualquier caso, y mis amigos del Valencia me perdonarán, de quien depende lo que suceda en el resto de la final es, por encima de todo, del propio Madrid.