lunes, 18 de septiembre de 2017

Eurobasket 2017

Probablemente haya sido el torneo de baloncesto de selecciones que menos me ha enganchado en los últimos años. No por culpa del mayor o menor nivel demostrado, sino por mi hastío para con el deporte de la canasta tras el palo que nos metió, para mí inesperadamente, el Valencia Basket a principios del verano. No obstante, algunas conclusiones de lo que he visto del mismo (a partir de cuartos de final), con pinceladas específicas para madridistas:

-Eslovenia ha demostrado ser el mejor conjunto sin discusión. Emocionantísimo partido de cuartos de final contra Letonia, vendaval que pasó por encima de España y victoria ante los siempre complicados rusos. Comandados desde la dirección por dos cracks: Goran Dragic y Luka Doncic. Colocar a nuestro chaval a la misma altura de semejante jugador pudiera parecer sobrevaloración de forofo, pero es que lo de Luka ha roto ya todos los esquemas. Dragic es extraordinario, con un talento y una determinación que demuestran que en la NBA no es precisamente un figurante. Mas me atrevo a decir que Doncic ¡a sus 18 años! tiene mejores fundamentos a la hora de conocer el juego. Resulta impresionante observar la inteligencia en pista del muchacho. Reparte el juego de forma que mantiene a todos enchufados (justo lo contrario de Llull, que es un torbellino individualista), pese a que todos apuntan a que su posición natural evolutiva es la de alero, o al menos escolta. No sé, me parece capaz de dominar los partidos desde cualquier zona. Randolph estuvo suelto como segundo espada, dejando muestras de su calidad y su carácter (es decir, una de cal y otra de arena). Quizá la NBA lo vuelva a tentar. Por decir algo más, me gustó el carismático Blazic y no comprendo cómo Prepelic sigue en la liga francesa. Me parece el sustituto ideal para nuestro Carroll, al que adoro pero debe de tener más años ya que la Tarasca.

-Rusia, la otra semifinalista, nos deja dudas. Que es un equipo muy potente resulta obvio, pero no parece  capaz de liberarse del punto de excesiva frialdad que arrastra desde tiempos inmemoriales (el año que ganaron el europeo los comandó un norteamericano nacionalizado, el basket es muy cachondo). El CSKA de Moscú, club más representativo del país, adolece del mismo mal. En términos madridistas, el pívot Kuzmic deja algunas dudas (si Tomic os parecía mingafloja...),  y más teniendo en cuenta el "gran rendimiento" que Laso suele sacar a los cincos de ese perfil (en realidad a cualquier cinco que no tenga la velocidad de desplazamiento y maniobrabilidad de Ayón). La lucha de los Putin's boys frente a Serbia, por otro lado, puede resultar engañosa en tanto en cuanto, quitando a Bogdanovic, la selección balcánica no había llevado a la plantilla de gala, y aun así, con varias marchas menos, llegaron a la final. 

-España. Aquejados de un par de lesiones y malos momentos de forma claves, afrontábamos mermados este campeonato. Con un acierto perimetral más que limitado, fiando todo el juego ofensivo en los momentos calientes a lo que los Gasol pudieran rascar en la pintura. Buenos aportes de los Hernangómez, quienes no llegarán al nivel de la pareja de hermanos original pero tomarán un relevo que diste de dar vergüencita, como parecía cuando la posición de cuatro y cinco la iban a heredar Claver y cía. Con menos puntos de los debidos, e hipotecados por el raulismo que supone descartar una plaza de la expedición llevando a Navarro, Eslovenia nos arrasó con justicia. No obstante, un bronce no es cosecha baladí por muy mal acostumbrados que nos hayan tenido hasta ahora.

Para el Real Madrid, lo mejor del europeo es que se haya acabado, teniendo en cuenta que ha dejado a Llull en el dique seco seis meses (más otros dos o tres hasta que coja la forma: la temporada tirada a la basura) y a Doncic con un esguince que va a hacer que nos plantemos en la Supercopa con sólo Campazzo como base puro. Como para pensar en ganarla. Aunque, qué coño, somos el Madrid, ¿no?

sábado, 9 de septiembre de 2017

Parón postselecciones: el rollo de siempre

Tú, harta de las cagadas
Yo, de preguntarle a cientos
Tú, que dónde está nuestra pegada
Yo, que en qué ocupamos el tiempo.

En salir, perder, el rollo de siempre.
Metemos mil centros, embotellamos gente,
llegamos al área y joder, qué guarrada, sin Cris.

Voy que ni toco el suelo después de las selecciones.
No sé si son los viajes o el resto de distracciones.
Ya no me acuerdo, nena, que todo era de colores,
dónde estará el acierto, se lo han quedao con los goles.

Salir, perder, el rollo de siempre.
Metemos mil centros, embotellamos gente,
llegamos al área y joder, qué guarrada, sin Cris.

Y al parón siguiente...

Y al llegar a casa, me saludan:
"Oye, ¿cómo estás, cabrón? ¿Dónde te has metido?"
"Te confieso que en la Roja, y allí no he perdido el tiempo"
Pero ahora en liga es...

Salir, perder, el rollo de siempre.
Metemos mil centros, embotellamos gente,
llegamos al área y joder, qué guarrada, sin Cris.

Y al parón siguiente...

Para algunos el fútbol es galopar representando a sus países
excesivas horas, minutos, y segundos.
Yo, más humilde, sólo quiero que la ola de juego
que surge de la inercia de partidos juntos,
me transporte mecido hasta el (parón) siguiente.

Saliiir. Perdeeer.

Salir, perder, el rollo de siempre.
Metemos mil centros, embotellamos gente,
llegamos al área y joder, qué guarrada, sin Cris.

Y al parón siguiente...
Ya no me acuerdo de ná.

domingo, 6 de agosto de 2017

Matar al padre

Matar al padre es la figura metafórica que usaba Freud para referirse al instante en que las personas maduramos y dejamos de depender de la aprobación o tutela paterna, porque en ese momento dejamos de admirarlo o creerlo casi omnipotente, como sucedía en la infancia.

Mourinho es la última persona que yo consideraría "un padre" para el Madrid. Si bien resultaría injusto negar que el proyecto de Florentino Pérez se colocó a la par del resto de grandes de Europa recorriendo la parte más dura del tortuoso camino con el portugués. Para lo bueno y para lo malo. El final del trayecto y los éxitos auténticos llegaron una vez la figura del setubalí andaba bien lejos de Concha Espina, pero ciertas espitas (y también algunas zonas de tierra quemada) fueron colocadas por el insufrible. De modo que en cierta medida, existe un (diminuto, si queréis) hilo que vincula el satisfecho Madrid actual con sus titubeantes orígenes. 

El martes nos encontramos con Mou, amistosos aparte, por primera vez desde que se marchó. Se trata de una competición menor, pero nos ha de servir para cortar los últimos vestigios que quedan. Tenemos que matar al padre.


 

viernes, 21 de julio de 2017

Calendario Liga 2017-18

Andamos caninos de fúrgol (¿se podrá decir fúrgol ahora que el insigne acuñador del término está en chirona?), así que noticias tan anodinas a priori como el sorteo del calendario de Primera División nos parecen interesantísimas. Lo que nos interesa a los madridistas:

Jornada 1. Deportivo - Real Madrid. 19-20 agosto.
En otra época supondría un comienzo brutal, pero el Dépor no es el que era. Si bien es cierto que el partido es fuera de casa, y se juega pocos días después de la vuelta de la Supercopa de España contra el Barcelona.

Jornada 12. Atlético de Madrid - Real Madrid. 18-19 noviembre.
Justo se cumplirá un año del último derby liguero en el Calderón (ver post si gustan, escribí crónica). Si finalmente Costa se enfunda la rojiblanca, el otro equipo de la ciudad quizá vuelva a pelear el título de liga, quién sabe. En cualquier caso, lo que sí tengo claro es que será la semana de la turra: superioridad moral, "no lo pueden entender", etc. etc.

Jornada 17. Real Madrid - Barcelona. 20 diciembre.
El último partido de 2017, tras volver del Mundial de Clubes. Mala fecha para el Madrid, que puede ver cómo el Barcelona le gana un duelo liguero por tercera vez consecutiva en su estadio. No sé si eso ha sucedido antes en alguna ocasión.

Jornada 21. Valencia - Real Madrid. 27-28 enero.
La tradicional visita en enero a Mestalla (ah, estos deliciosos condicionantes que le meten al calendario, qué previsible lo vuelven). Saldrán con el cuchillo entre los dientes, así que más vale que para entonces hayamos bajado los turrones.

Jornada 31. Real Madrid - Atlético. 7-8 abril.
A esas alturas del año, si Tutatis quiere, estaremos jugando los cuartos de final de la Copa de Europa. Qué mejor respiro que el Atlético de Simeone, un nada correoso rival. Cagontó.

Jornada 34. Sevilla - Real Madrid. 21-22 abril.
En plena feria de Sevilla, y siempre que no haya duelo copero o europeo antes, se producirá el esperado retorno de Sergio Ramos al Sánchez Pizjuán después de la polémica de la pasada temporada. Apuesto a que puedo adivinar el 99% de la escaleta de todos los programas deportivos de la semana previa.

Jornada 36. Barcelona - Real Madrid. 5-6 mayo.
Antepenúltima jornada de Liga en el Camp Nou. Crom nos coja confesados.

Jornada 38. Villarreal - Real Madrid. 19-20 mayo.
Para acabar la competición visitamos un estadio sencillito, el Madrigal, cuyo presidente nos tiene en bastante buena estima. ¡Ah, la liga! Cuánto te echamos de menos.

martes, 11 de julio de 2017

James

Si su llegada fue inesperada (se destapó a ojos del futbolero medio con su golazo en el Mundial de Brasil, y a partir de ahí ya vino todo rodado: unos días para la negociación, unas semanas para el fichaje, y unos segundos para la inmediata acusación de intereses de la constructora de Florentino en Colombia), su partida no ha supuesto una sorpresa menor. No tanto por su salida como por su destino: un rival directo que no nos tiene en demasiada buena consideración. Y, en esta ocasión, a diferencia del caso de Alonso, no parece haber líos de faldas o infidelidades que justifiquen nada.

Para mí, James ha sido una pequeña decepción. Y eso que no tenía grandes expectativas tras su fichaje (seguramente por desconocimiento), de modo que su temporada 2014-15 me dejó con un buen sabor de boca. Menuda zurda exquisita, capaz de competir en toque de balón con cualquiera de los grandes. En el esfuerzo físico y la continuidad en el juego ya teníamos muchas más dudas, pero... ¡Qué golpeo de balón! Durante meses maldije la obstinación de Cristiano (me contengo para no llamarlo Cretino después del numerito de este junio) en tirar todas las faltas. El colombiano nos ganó a muchos desde su técnica, brillante y destacada, en el otoño-invierno excepcional de los cuatro centrocampistas del Madrid socialdemócrata de Ancelotti (socialdemócrata por desprendido en mediapuntas frente a la severidad de los mugrinhistas, tecnócratas cicateros ante el supuesto "derroche" de gasto público y de combinaciones; no me digáis que la metáfora no es acertada: ¡no falta ni la ceja!).

James fue protagonista también del momento en que pudimos romper la semifinal contra la Juve y acceder a la final de Copa de Europa de todos los tiempos. Su cabezazo al larguero en Turín que suponía el 1-2 aún me hace despertarme sudando en las peores noches, consiguiendo que alguna chica me llame subnormal por haberla echado del lecho a patadas, sin querer, al intentar remacharla en segunda jugada entre sueños.

Tras un primer año de bandera, su figura parecía crecer por momentos. Al inicio de su segunda temporada, dos golazos en un partido de ensueño contra el Betis nos prometían miles de tardes de gloria. Ahí se quedaron. Hasta Iñako había sacado artículo elogiándolo, y a mi juicio no podemos descartar que semejante gafe fuera el causante de su caída (a cambio en la columna menospreció a Isco llamándolo "jugador de cuñados", con una prosa y maneras rufianescas -pun intended-; el resto es historia, jojojo). Sea como fuere, James se fue diluyendo, y sus apariciones se tornaron cada vez más espaciadas, blindado el centro del campo madridista con el tridente Casemiro-Kroos-Modric. La 2016-17 debía ser la temporada de su resurrección o la confirmación de su fracaso. Dejó sus pinceladitas (esa zurda es de oro, dijimos), pero continuó en barrena, con actitud cada vez más polémica, si bien es cierto que sin llegar a bajar los brazos del todo. Tampoco tuvo suerte: en el día que pudo haber supuesto su redención, con el empate heroico ante el FCB, Messi le robó los titulares. El excepcional final de temporada de Isco supuso la puntilla.

Le desearía que le vaya bonito, pero no puedo quererle ningún bien al Bayern. De manera que espero que, como pasó con el Fideo en su huida a Old Trafford (el otro equipo odioso fuera de nuestras fronteras), acabe traspasado a un tercer club donde, ahí sí, halle la felicidad. En cualquier caso, se marcha con una Liga, dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa y dos Mundialitos. Como en el caso de tantas ex, no funcionó, aunque ni él ni nosotros nos arrepentimos. Hasta siempre.